La economía de la molestia
Hay un costo que no aparece en ningún balance: el tiempo que perdemos peleando con sistemas que deberían ayudarnos. Formularios que te piden la misma información tres veces. Filas que existen porque nadie se molestó en rediseñar un proceso. Pantallas que te esconden la información importante.
A este fenómeno le llamamos la economía de la molestia. No es solo una incomodidad: es un impuesto silencioso que pagamos todos, todos los días.
La tesis de Neodimio es simple: la mayoría de estos problemas son solucionables con software bien pensado. No hace falta reinventar nada. Hace falta que alguien se siente a hacer lo que hay que hacer.